Francia es un viaje al corazón de la cultura occidental. Desde las luces de París, que siguen iluminando los sueños de viajeros de todo el mundo, hasta los campos de lavanda de la Provenza, este país es una oda a la belleza. Aquí, el art de vivre (el arte de vivir) se encuentra en cada detalle: en una copa de champagne frente al Sena, en el murmullo de un mercado local o en la majestuosidad de un palacio real.
Recorrer Francia es caminar por un museo al aire libre donde la historia de Napoleón y los Reyes Sol convive con la moda más vanguardista y la gastronomía más refinada del planeta. Es el destino donde el lujo no es un exceso, sino un estándar de vida.
París: La primavera (abril-junio) es icónica por los parques florecidos, mientras que el otoño (septiembre-octubre) ofrece una luz dorada y menos colas en los museos.
La Provenza y Costa Azul:Junio y julio son los meses clave si quieres ver los campos de lavanda en flor, aunque hará calor.
Los Alpes y Pirineos: Para esquiar, de diciembre a marzo. Para hacer senderismo y ver lagos cristalinos, julio y agosto.
Bretaña y Normandía (Norte): Solo en verano (julio-agosto) te aseguras temperaturas agradables y menos lluvia, aunque el clima allí siempre es impredecible.
Mayo, junio y septiembre.
Es la «temporada media». El clima es ideal (15°C a 25°C), los días son largos y evitas las multitudes masivas y los precios altísimos de julio y agosto.